Y así empezó la primera noche
En la que el pensamiento vagabundo
Se adueñó de mi razón.
Y así, entre verso y trova, trova y verso,
El sueño se confundió con el pensamiento
Noche tras noche, muerta en vida,
En el firmamento de concreto,
Mi mente proyecta escenas repetidas;
el mismo guión: un beso, una lágrima, un orgasmo,
la fea mueca y un adiós.
En la madrugada, fiel celestina
de los sentimientos condenados,
a esa hora promiscua,
lo que había dejado de latir, de fluir,
comenzó a vivir.
En la penumbra y a la sombra de un ángel,
donde el pensamiento vale más que la vida,
sobrevive la esperanza…
Insomne, inerte, inocua, insípida;
Sobrevive… a fuerza de recordarlo